La aparición de la noción de economía circular obedece a la creciente concienciación sobre los limitados recursos del planeta y la necesidad de ahorrarlos.
Este tipo de economía implica reducir, reutilizar, reparar y reciclar productos y materiales para minimizar los residuos. La idea es mantener los recursos en circulación el mayor tiempo posible, en lugar de seguir el modelo tradicional de producción, consumo y eliminación. Esto ayuda a preservar el medio ambiente y a limitar el impacto de las actividades humanas en el planeta.
La transición a la economía circular se basa en varios pilares:
- Abastecimiento sostenible: teniendo en cuenta los impactos medioambientales y sociales de los recursos utilizados, en particular los asociados a su extracción y explotación.
- La ecología industrial y local: crear sinergias y poner en común flujos de materiales, energía, agua, infraestructuras, bienes y servicios entre varios agentes económicos para optimizar el uso de los recursos locales.
- La economía de la funcionalidad: favorecer el uso frente a la posesión, vender prestaciones de uso más que un servicio o un bien, desarrollar la cooperación entre particulares y entre profesionales.
- Prolongar la vida útil de los productos reparándolos, vendiéndolos o comprándolos de segunda mano, donándolos, reutilizándolos y reaprovechándolos.
- Mejorar la prevención, gestión y reciclado de residuos, incluida la reinyección y reutilización de materiales de desecho en el ciclo económico.
Los inversores suelen incorporar consideraciones que van más allá de las medidas financieras tradicionales en su proceso de toma de decisiones de inversión. Este concepto se conoce como adicionalidad del rendimiento. La economía circular, en la que los materiales y los recursos se reutilizan y se evitan los residuos, tiene el potencial de aportar beneficios económicos y proporcionar una vía hacia la adicionalidad.
Un estudio de la Universidad de Oxford muestra que las empresas con buenas prácticas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) tienen menos riesgos y mejores resultados financieros a largo plazo. También tienen un mejor rendimiento operativo y un mayor valor bursátil. De este modo, los inversores pueden identificar oportunidades de crecimiento y fomentar la adopción de la economía circular. Esto ya está ocurriendo, y se espera que los activos en fondos de economía circular se multipliquen por seis entre enero y septiembre de 2020, alcanzando los 2.000 millones de dólares, según la Fundación Ellen MacArthur.
La economía circular ofrece una serie de ventajas a empresas e inversores. En primer lugar, ahorra costes de envasado, con iniciativas como la reutilización de envases en los sectores de la belleza y la restauración. De este modo, las empresas que adoptan prácticas sostenibles responden a las preferencias de los consumidores, cada vez más preocupados por el medio ambiente, mejorando su imagen de marca y atrayendo a nuevos clientes.
El modelo circular refuerza la resistencia de la cadena de suministro al reducir la dependencia de las materias primas y ofrecer una mayor estabilidad de costes. También reduce en parte las emisiones de gases de efecto invernadero, al disminuir los residuos y utilizar recursos reutilizables que contribuyen a la neutralidad de carbono. Además, a medida que evoluciona la normativa vinculada a la economía circular, las empresas pueden anticiparse a estos cambios, evitar multas y posicionarse como líderes del mercado. Por último, participar en la economía circular permite a las empresas diversificar sus operaciones creando nuevos productos a partir de materiales recuperados, lo que abre nuevas oportunidades económicas.